lunes 26 de octubre de 2009

Monólogo / Escena I

Oficina a media luz. Pilas de papeles. En un rincón, hay otra oficina más chica, a oscuras. Ella entra con una enorme corona, va encendiendo las luces, tira cosas del escritorio, se tambalea. Insulta, tira la corona en el medio de la oficina. Termina de dejar sus cosas sobre el escritorio, intenta sostener los papeles para que no se caigan, se desploma en su silla. Enciende la computadora. Saca de la cartera varios alfajores “Capitán del Espacio”. Los aprieta y los tira arriba de la corona. Se escucha un ascensor y puertas cerrándose. Llaves en la puerta de la oficina, un timbre. Ella se sobresalta y se abalanza sobre la corona, juntando los alfajores y reubicando la corona sobre una silla. Entra un hombre alto, de traje, hablando por celular y dando órdenes con las manos. Ella corre a la oficina más chica. Enciende las luces. Deja los alfajores apilados sobre el escritorio, al lado de una moderna computadora. Los vuelve a acomodar, desarma la pila y repite la acción. Acerca la corona y la exhibe con una sonrisa amplia. El hombre de traje, le hace señas de que se retire y cierre la puerta. Se aleja cabizbaja, se acomoda frente a su escritorio, lo escruta con desánimo y se pone a llorar. Agotada, empieza a camina. Casi compulsivamente, prepara café, tira desodorante, mete papeles a la fuerza en un mueble organizador. Piensa en voz alta.

Escena I

No puedo vivir más así. (Pausa. Suspiro.) Calmate, ya va a pasar… aprovechá, acordate de los días que no viene… sos tan libre, podés hacer lo que quieras, el horario está bueno… el sueldo más o menos pero por ahora, es lo que hay. Marcos también me tiene harta, hace más de tres semanas que no sé nada de él. No entiendo. La última vez estuvo todo más que bien, pensé que nos íbamos a arreglar y nada, desapareció.
(Suena un teléfono. Atiende.) ¿Hola? Ah. Hola Má. Sos vos. No, no me molesta que me llames. Sí, sí estoy re bien. (En tono irónico) La vida me sonríe... No, ya te dije que no pienso volver a casa. ¿Para eso me llamaste? Dejá de decirle así. Nos separamos por un tiempo, no es definitivo. (Juega con el cable del teléfono) No, mamá. Él ya va a volver. Es por un tiempo. No, no me llamó pero... (Suena el intercomunicador) Te dejo, tengo que seguir trabajando. (Sólo podemos escuchar la voz de ella) Esa es la corona para su suegra. Sí, los alfajores son esos que están al lado de su computadora. Sí, señor… los compré en la estación de Quilmes. Sí, yo tiré desodorante. ¿¡Cómo que no le gusta?! La semana pasada prendí un sahumerio y tampoco le gustó… No, no sabía. Bueno, no se ponga así... no sabía que se le cierra el pecho. Bueno bueno, ya prendo el aire... (Se para y se vuelve a sentar. Le grita al aparato.) ¿¡Sabe qué!? ¡Me tiene harta! ¡Mi paciencia llegó hasta acá! ¡Voy a renunciar! ¡¡Que se le agote todo el aire!! Usted bastante respira con mis pulmones... (Resopla y se dirige bien erguida hacia la oficina del jefe. Entra y sale.) Aguantá, hoy es miércoles. Dos días para otro fin de semana en la cama, mirando películas de Julia y comiendo tostados. Terapia el viernes a la noche. Aguantá, sólo faltan cuarenta y ocho horas.

1 opiniones:

Anne dijo...

qué buenos están los Capitán del Espacio. Si están congelados, mejor. Y cuánto entiendo a esa chica.